No hay otra palabra. 48 niños muertos de manera horrible, 48 niños muertos, otros tantos, quién sabe cuántos, mutilados, víctimas de todas las circunstancias.
No es verdad que cuando la chispa brotó, la suerte estaba echada, eso no es cierto, la suerte estaba echada desde antes… los niños estaban para morirse.
No fue sólo el incendio, el incendio fue la causa de sus muertes, sí, pero el siniestro fue el efecto, la consecuencia de causas menos luminiscentes, engendradoras por igual de la desgracia.
Es intrigante pensar qué hubiera pasado si tal día en vez del pie derecho, se iniciase con el izquierdo, si al doblar la esquina en vez de saludar al conocido, se siguiese de frente ¿Cómo es que eso hubiese cambiado el curso de los acontecimientos, cómo podrían incidir esos detalles, esos cambios de dirección en encontrar un amor, ganar una partida, en el conjunto de una vida?
Sin embargo, un pie o un saludo no hubieran cambiado a todos los niños de la muerte a la vida, otros factores, encima de ellos, encima de sus padres, se juntaron como un puño y destrozaron sus esperanzas.
Cómo podrían un pie o un saludo conjurar las deficiencias de las medidas de seguridad, salvar la negligencia de los inspectores, evitar los compadrazgos para la asignación de las guarderías, castigar la ineptitud de los funcionarios, alterar la corrupción de un sistema político, cambiar la dejadez de la sociedad, abatir la avaricia de los dueños, garantizar la justicia de los indefensos, conmover el dogmatismo neoliberal, redimir la pobreza de sus padres, imbuir honradez en las conciencias, invertir la ignorancia…
Sí, negligencia, compadrazgo, ineptitud, corrupción, dejadez, avaricia, injusticia, dogmatismo, pobreza, deshonra, ignorancia, esas y otras son las causas que se encuentran detrás del incendio, esas y otras chispas también lo crearon, lo avivaron, esas y otras flamas consumieron a los niños.
Un pie o un saludo hubieran, o incluso, salvaron a un niño de morir en el incendio o sufrir en él, tal vez el pie o el saludo hicieron que su madre se retrasara, no alcanzara el pesero, llegara tarde a la guardería… Pero otros niños fueron abrasados por la perversidad de las circunstancias creadas que están más allá y más acá de la suerte, que están ahí para que la tragedia pase, que están en las entrañas y el paisaje del país, que son tan perennes y constantes como las montañas pelonas y las polvaredas de los barrios.
Y ese niño que se salvó por suerte, mañana puede ser abandonado por ella, y verse alcanzado por la perversidad de las circunstancias creadas, y abandonar la escuela por falta de dinero, enfermar por exceso de chatarra, apretar tuercas sin futuro, cruzar el desierto, procrear a los 17, drogarse, engrosar las filas de los sicarios, caer mañana, quemarse después.
Esas circunstancias, -con nombres y apellidos ocultos, ocultados, prófugos, apeados a la simulación, la desmemoria, el tedio y el cinismo- estuvieron ahí, están aquí, estarán en otras partes, para cuando la chispa, la bala, el choque, la enfermedad hagan su pequeña parte en otra obra trágica, más trágica por ser evitable… en un país que fuera diferente.
No es verdad que cuando la chispa brotó, la suerte estaba echada, eso no es cierto, la suerte estaba echada desde antes… los niños estaban para morirse.
No fue sólo el incendio, el incendio fue la causa de sus muertes, sí, pero el siniestro fue el efecto, la consecuencia de causas menos luminiscentes, engendradoras por igual de la desgracia.
Es intrigante pensar qué hubiera pasado si tal día en vez del pie derecho, se iniciase con el izquierdo, si al doblar la esquina en vez de saludar al conocido, se siguiese de frente ¿Cómo es que eso hubiese cambiado el curso de los acontecimientos, cómo podrían incidir esos detalles, esos cambios de dirección en encontrar un amor, ganar una partida, en el conjunto de una vida?
Sin embargo, un pie o un saludo no hubieran cambiado a todos los niños de la muerte a la vida, otros factores, encima de ellos, encima de sus padres, se juntaron como un puño y destrozaron sus esperanzas.
Cómo podrían un pie o un saludo conjurar las deficiencias de las medidas de seguridad, salvar la negligencia de los inspectores, evitar los compadrazgos para la asignación de las guarderías, castigar la ineptitud de los funcionarios, alterar la corrupción de un sistema político, cambiar la dejadez de la sociedad, abatir la avaricia de los dueños, garantizar la justicia de los indefensos, conmover el dogmatismo neoliberal, redimir la pobreza de sus padres, imbuir honradez en las conciencias, invertir la ignorancia…
Sí, negligencia, compadrazgo, ineptitud, corrupción, dejadez, avaricia, injusticia, dogmatismo, pobreza, deshonra, ignorancia, esas y otras son las causas que se encuentran detrás del incendio, esas y otras chispas también lo crearon, lo avivaron, esas y otras flamas consumieron a los niños.
Un pie o un saludo hubieran, o incluso, salvaron a un niño de morir en el incendio o sufrir en él, tal vez el pie o el saludo hicieron que su madre se retrasara, no alcanzara el pesero, llegara tarde a la guardería… Pero otros niños fueron abrasados por la perversidad de las circunstancias creadas que están más allá y más acá de la suerte, que están ahí para que la tragedia pase, que están en las entrañas y el paisaje del país, que son tan perennes y constantes como las montañas pelonas y las polvaredas de los barrios.
Y ese niño que se salvó por suerte, mañana puede ser abandonado por ella, y verse alcanzado por la perversidad de las circunstancias creadas, y abandonar la escuela por falta de dinero, enfermar por exceso de chatarra, apretar tuercas sin futuro, cruzar el desierto, procrear a los 17, drogarse, engrosar las filas de los sicarios, caer mañana, quemarse después.
Esas circunstancias, -con nombres y apellidos ocultos, ocultados, prófugos, apeados a la simulación, la desmemoria, el tedio y el cinismo- estuvieron ahí, están aquí, estarán en otras partes, para cuando la chispa, la bala, el choque, la enfermedad hagan su pequeña parte en otra obra trágica, más trágica por ser evitable… en un país que fuera diferente.


No hay comentarios:
Publicar un comentario